
Creemos que una relación basada en una profunda afinidad y armonía es la base para andar y edificar juntos en la Viña. A partir de cuando decidimos avanzar en el relacionamiento, comenzamos una caminada para conocernos mutuamente y nos asegurarnos si es esto lo que en realidad deseamos. Un pastor debe tener claro lo que desea y lo que no desea en su ministerio, así, después de un año caminando juntos y conociéndonos podremos avanzar para una relación en un compañerismo ministerial más profundo.
En la Viña hay espacio para andar juntos:
Por pura amistad y compartir de la visión de ganar esta generación para Cristo. Podremos estar juntos, apenas por estar en Él y por poseer afinidad en aquellos principios expuestos en el “Quienes Somos” link.
Podemos andar juntos en algo más profundo con el objetivo de implementar la práctica de las células y de experimentar mayor crecimiento en la Iglesia. Así, andaremos en un “Mentoreamiento para la Transición” para el modelo de las células. Una vez esto establecido habrá un compromiso de aplicación de los principios compartidos y de la supervisión durante todo el proceso.
En un nivel todavía más profundo, avanzamos para un reracionamiento donde la autoridad es reconocida y un discipulado es establecido. En este nivel nuestro compromiso mutuo es total y voluntario. Como familia de Iglesias, solo estaremos juntos, si queremos andar juntos. Esto nunca puede ser una obligación. En muchas denominaciones es fácil entrar y muy difícil y traumático salir. ¡Nosotros queremos lo contrario! Es difícil entrar, demanda un proceso de reracionamiento mutuo y conocimiento en oración. Pero es fácil salir… Nada, a nos ser el amor, nos hace permanecer. ¡Ningún papel, ninguna deuda!
En este nivel de reracionamiento direccionamos nuestro diezmo de los diezmos a la Viña a fin de costear esa Supervisión internacional y promover la inversión misionera en las Iglesias menores y en países más pobres.
|